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Archivo: Febrero 2007

FUNDAMENTACIÓN DE LA FUNCIÓN ORIENTADORA DEL DOCENTE VENEZOLANO

caleb_1904 23/02/2007 @ 14:23

FUNDAMENTACIÓN DE LA FUNCIÓN ORIENTADORA DEL DOCENTE VENEZOLANO
Por: José Pernía

Es preciso analizar acá la labor orientadora del docente desde tres aristas: el marco jurídico institucional que la soporta, el fundamento filosófico que la contiene y la base contextual sobre la cual se apoya para realizar su labor.
A partir de lo expuesto, cabe preguntarse si el docente, en el contexto socio – cultural actual, cuenta con respaldo legal, con un marco jurídico institucional que le permita ejercer su labor de orientador, para la formación de las nuevas generaciones de relevo.
En ese sentido, se consulta la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (2000), en busca de algún asidero legal para la labor orientadora del docente, encontrándose que ya en su Preámbulo, la CRBV establece algunos parámetros que pueden guiar la acción educativa en función de orientador, al señalar –clara y taxativamente – que la República Bolivariana de Venezuela es:

Sea pues este el marco jurídico institucional de la acción orientadora del docente, pero también el fundamento de todo su contenido axiológico, al favorecer el respeto a la diversidad de opinión y expresión, y al generar acciones pedagógicas exentas de discriminaciones, proclive a valores como la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad y el bien común.
Esta definición de Venezuela como un país que no puede estar al margen de la ley, implica el respeto a todas las convenciones y acuerdos internacionales sobre Derechos Humanos, el respeto por todas las manifestaciones religiosas y culturales, y la promoción de la igualdad de derechos en todos los contextos y en relación a todas las instancias, tanto del Poder Público como Privado, y exigiendo de cada individuo un tratamiento igual para los otros, en tanto que ciudadanos bajo una misma bandera y un mismo régimen legal.
También el Artículo 3 de la CRBV establece parámetros y obligaciones de parte del Estado para con el ciudadano, y en ese sentido, el docente es – al mismo tiempo – garante y promotor de esas obligaciones estatales, tal como lo establece la CRBV al señalar:

En virtud de lo cual el Estado debe proveer y prever los medios, recursos e instrumentos para lograr el estricto cumplimiento de lo postulado en el Artículo anterior. Se habla de la defensa y el desarrollo de la persona, y como ya se ha visto, la orientación educativa no se limita a facilitar al estudiante recursos e instrumentos para el aprendizaje, mejores técnicas de estudio, estrategias para la administración de su tiempo y medios para defenderse de sus fobias y resistencias contra algunas asignaturas, sino que capacita para asumir los desafíos que plantea la vida, utilizando para ello la capacidad de reflexionar, de resolver problemas, de incorporarse a la vida como sujeto de hecho y derecho, con pleno goce de todas sus facultades y consciencia de sus defectos y limitaciones.
Es deber irrenunciable del Estado facilitar el desarrollo de las condiciones (el contexto) sociales aptas para ...la promoción de la prosperidad y el bienestar del pueblo... de lo cual deviene que una educación, administrada por personas cuyo objetivo no sea solamente realizar un trabajo estable y bien remunerado, sino compuesto por seres conscientes, comprometidos con sus estudiantes, que comprenden su ubicación espacio – temporal y han hecho una opción política por la inconformidad y por la disposición a fortalecer las oportunidades de éxito de sus estudiantes, no solo en cuanto al rendimiento escolar, sino al mejoramiento de sus relaciones interpersonales, familiares y sociales.
En ese sentido, la CRBV en su Título III, DE LOS DERECHOS HUMANOS Y GARANTÍAS, Y DE LOS DEBERES, Capítulo I, Disposiciones Generales, Artículos 19 – 31, es el compendio de los Derechos Humanos cuyo respeto el Estado se obliga a garantizar y los docentes, en cuanto transmisores de los valores constitutivos de la sociedad, y primeros responsables de la conformación de fundamentos axiológicos del accionar humano, tienen la responsabilidad de aportar a sus estudiantes el componente legal en que se sustentan sus derechos como persona y los mecanismos para hacerlos valer, ante cualquiera autoridad o persona que pretenda menoscabarlos. En este sentido, el orientador tiene como reto fortalecer la acción reivindicativa de los derechos, pero conservar el equilibrio y señalar la importancia del cumplimiento de los deberes ciudadanos, para que el reclamo de los primeros goce de la autoridad moral suficiente.
Que las nuevas generaciones aprendan a vivir en un ambiente de respeto por el derecho ajeno debe ser el desiderata de todo buen orientador, en la medida que la consecución de tal objetivo demanda no sólo del conocimiento de las leyes, sino de una actitud propia proclive a la vivencia de dicho valor, con lo cual el orientador no solamente será un promotor de los derechos fundamentales, sino un ejemplo de su cumplimiento.
Por su parte el Capítulo IV, De los Derechos Políticos y el Referendo Popular, en Su Sección Primera, De los Derechos Políticos, señala

De lo cual deviene que la formación del ciudadano para utilizar plenamente todas sus capacidades, habilidades y destrezas para una participación asertiva, positiva, propositiva, cooperativa y solidaria, es el fundamento de la acción orientadora del docente en el sentido operativo de la orientación educativa. Es decir, que el orientador no solamente se preocupará por el debido cumplimiento de las labores propias del sistema educativo, o por encontrar las razones del bajo rendimiento escolar, sino que, además, debe contribuir a la preparación del joven para la vida ciudadana, haciéndole consciente del papel protagónico que le asignan la Constitución y las Leyes, y enseñándole a ejercer ese liderazgo con mesura, para que la Ley no se vea desbordada y deba aplicar los mecanismos coercitivos necesarios para restituir el orden.
En este mismo sentido que se relaciona con la vida, con el desenvolvimiento pleno del estudiante no como parte de un proceso de enseñanza – aprendizaje al cual se quiere a veces ver como aséptico y divorciado de su contexto histórico-socio-político-económico-cultural, es el que refleja el Ley Orgánica de Educación cuando señala:

En este Artículo, el Legislador promueve una visión, un deber ser del hombre y la sociedad en condiciones tales que la promoción de estos presupuestos constituye materia de estudio para toda una vida de trabajo docente y más, si se quiere vivenciar la orientación como labor fundamental del educador. En el centro de la acción educativa se encuentra el hombre, y como su soporte fundamental la familia, sin cuyo aporte, presume el legislador acertadamente, es imposible alcanzar los más altos valores que se proponen en este Artículo, cuales son la comprensión, la tolerancia, la convivencia,... así como la promoción de una actitud responsable hacia el planeta y el derecho de los demás a vivir en un ambiente sano y a proyectarse como un ente capaz de contribuir con su desarrollo, el de su familia y el de su país.
Desde la Ley Orgánica de Protección al Niño y al Adolescente (LOPNA, 1998) es posible aportar que este instrumento legal de reciente creación, ha sido el motivo de no pocas diatribas y encendidas críticas, al adjudicársele el aumento de la delincuencia infanto-juvenil en el país como una de las consecuencias directas de su aplicación, aún cuando algunos pensadores sostienen que – por el contrario – son las malas interpretaciones que se hacen de esta Ley, las que dan origen a las perversiones presentes. En todo caso, la Ley en su texto tiene previsto los siguiente:

Esto constriñe al Estado al estricto acatamiento de todos los Convenios, Declaraciones, Acuerdos y Resoluciones universales acerca de los Derechos de los Niños y Adolescentes y a desarrollar, en el marco jurídico institucional interno, las Leyes que garanticen el pleno disfrute de todas esas prerrogativas, conforme al principio progresivo de la Ley, que supone que los Estados, una vez incorporada una resolución Universal a sus estamentos jurídicos, ampliarán y perfeccionarán estas declaraciones, convirtiéndolas en Leyes que superan el contenido original de las declaraciones suscritas por los dignatarios en representación de sus ciudadanos.
En atención a ello, el Artículo 4º de la LOPNA (1998) compromete al Estado Venezolano a hacer uso de todos sus recursos para garantizar el bienestar de los niños y adolescentes. Eso faculta a los docentes, en ejercicio de la profesión al servicio del Estado que promulga esta Ley, a tomar todas las previsiones para asegurar que, desde el punto de vista de la Escuela, el niño, niña y adolescente pueda tener acceso al disfrute pleno de todos sus derechos y garantías, pero también esté consciente de sus deberes, con la finalidad de que pueda vivir en equilibrio, en el marco del más sano respeto a sus derechos y a los derechos de los demás. Para esto, el docente acudirá al sentido común y las Leyes vigentes, con la finalidad de elucidar cuáles sean los alcances y limitaciones de cada cual.
Pero, ahora bien, ¿debe el docente abordar esa tarea en solitario? O puede contar con apoyo externo para su realización? El instrumento legal (LOPNA, 1998) responde clara y taxativamente a estas interrogantes de la siguiente manera:

Como puede observarse, se hace a la familia directa e irrenunciablemente responsable de la aplicación total de la ley en cuanto a derechos del niño, niña y adolescente se refiere, consagrando así mismo la obligatoriedad del cumplimiento de la misma por parte del padre y la madre en igualdad de condiciones.
Nuevamente es al Estado al que corresponde asegurarse de que existan políticas mediante las cuales la familia pueda cumplir su comisión. Esto conduce directamente a pensar la responsabilidad del docente en la promoción del bienestar familiar, como condición para que el niño, niña y adolescente tenga un desarrollo armónico. El docente – orientador, no se conforma con observar las condiciones del niño y su rendimiento académico, en cuanto tiene de respuesta al sistema relacional establecido en la escuela y – particularmente – en el aula. Trascendiendo esos muros, se traslada al hogar y analiza las condiciones socio-económico-culturales de la familia de la cual proviene el estudiante, para diagnosticar las posibles carencias que estés obstaculizando su pleno desarrollo.
Partiendo de esta información, diseña estrategias metodológicas que pudieran compensar las deficiencias existentes en el hogar y estudia cursos de acción para proponer salidas a las dificultades familiares, al mismo tiempo que ayuda al estudiante a racionalizar la situación y le aporta apoyo para que encuentre y proponga soluciones a lo interno de la familia.
Pero el legislador no quiere dejar lugar a ninguna duda, y establece un principio de prioridad absoluta con respecto a los derechos y garantías del niño, niña y adolescente, cuando expone:

Lo primero que salta a la vista es la plena conciencia de la responsabilidad compartida que de manera lúcida establece la Ley con respecto al Estado, la familia y la sociedad en razón de la protección de los derechos del niño, niña y adolescente. Pero más allá, se plantea la primacía de sus derechos por sobre el resto de los ciudadanos, en cuanto a formulación de Políticas Públicas, estructuración del Presupuesto Público, acceso a servicios y protección en casos de desastre, conmoción civil u otras circunstancias.
Corresponde al educador – orientador formar en el niño, niña y adolescente una conciencia que privilegie el agradecimiento a quienes así los tratan, con la finalidad de que hagan ejercicio sobrio de sus derechos, entendiendo que más allá de los mismos existe también una gama de deberes que deben ser analizados y comprendidos para que se genere el sano equilibrio social. Educar pues en el respeto a la otredad, en la comprensión, la tolerancia, la equidad. Cultivar la humildad y exaltar la paz y la sana convivencia, como instrumentos para una vida equilibrada, sana y feliz.
En cuanto al sano equilibrio, el legislador dejó una puerta abierta para su aplicación, al fijar en el texto legal algunas apreciaciones sobre la progresividad de los derechos del niño, como puede apreciarse a continuación:

Queda pues de manera taxativa explicitada la función orientadora de la familia pero, al decir responsables, también se incluye a los docentes, quienes comparten con la familia la responsabilidad de la formación de los criterios del niño, niña y adolescente desde su edad más temprana (preescolar) hasta la universidad. Lo que se persigue, expresa la Ley, es su desarrollo integral y ... su incorporación a la ciudadanía activa.
Desde el punto de vista del docente orientador esta ciudadanía activa no es solamente el uso de los derechos y el cumplimiento de los deberes civiles y políticos, tal cual lo establece y comprende la Ley, sino también el goce pleno de sus facultades mentales, espirituales y físicas, para el aprovechamiento cabal y prudente de los recursos que le ofrecen la naturaleza y el entorno social para alcanzar el disfrute de una vida sana, equilibrada y feliz, guiada por la paz interna y madurez mental, el establecimiento de relaciones asertivas y cálidas con los demás seres humanos y la generosa contribución que puede hacer cada ser humano al bienestar global, trasponiendo el límite de lo meramente laboral – profesional y proyectándose a lo espiritual – colectivo, a la comprensión de sí mismo como parte de un conglomerado social y, por lo tanto, corresponsable de su bienestar.

Otro aspecto fundamental a considerar en relación a la función orientadora del docente es el fundamento filosófico de su acción. En ese sentido y desde el punto de vista humanista Osorio, (2003) señala que la Orientación

Desde donde se puede situar al orientador como un especialista cuya responsabilidad última es considerar los cursos de acción que debe tomar la educación para producir los resultados objetivos más excelentes posibles, dado que la orientación, como consustancial a la educación, también la trasciende, permea y se establece como garante de su mejor rendimiento. Pero cuando esta responsabilidad recae no ya en un especialista fuera del aula, sino en el propio docente, devenido en orientador, entonces el impacto generado por su acción es superior y los resultados objetivos más excelentes, ya que el docente es quien tiene contacto más directo y permanente con el estudiante.
En relación a la fundamentación filosófica del quehacer orientador Osorio (Ibíd.), sostiene que cualquiera que sean las ideas que se esgriman para realizar la labor educativa – y por ende orientadora – del ser humano, deben responder ...a un criterio integrador y perfeccionador de lo que es, y puede llegar a ser, el hombre ... (y) esta apertura a lo antropológico, está llamada a recoger todo aquello que dignifique, plenifique y enaltezca la condición humana... como tarea prioritaria para garantizar la equidad de esa formación y evitar los sesgos a los cuales viene adosándose la educación – orientación en los tiempos actuales, signada por innumerables deformaciones, producto del determinismo político-ideológico, cuya lucha se ha trasladado al seno de la escuela.
No es que la escuela carezca de una ideología, porque afirmar tal cosa sería cerrar los ojos a la realidad objetiva. Sino que no tiene por qué imponerse una ideología dentro de las aulas, antes bien, se debe privilegiar el libre – pensamiento y la tolerancia como marco de la convivencia escolar, facilitando que los estudiantes entren en contacto con todas las corrientes de pensamiento y puedan, libre y soberanamente, en atención a sus apetencias, creencias y valores, elegir a cuál corriente adscribirse, sin que medien presiones de ningún tipo.
Simón Rodríguez (cit en Villarini, 2003) señalaba que ... Educar es enseñar al hombre a tratar con las cosas e infundirle ideas sociales…saber vivir en República." En ese contexto, educar (y por ende orientar) constituye la forma más expedita para garantizar la sana convivencia entre los seres humanos. La República, como la entienden los clásicos, es el imperio de la Ley, el ejercicio de los derechos y libertades humanas y el respeto y acatamiento de los deberes, sin mayor coerción que la aplicada por el sentido común y la inteligencia humana.
Por su parte Adam (cit en Villarini, Ibíd.) señala que ... El proceso educativo formal debe insertarse en ese otro más amplio que el la existencia humana misma debe tener por ende lugar a lo largo de toda la vida... con lo cual también se cierne sobre el docente – orientador la tarea de educar para esa vida, para que el estudiante esté preparado para aprender a lo largo de todo su trayecto vital. Este aprendizaje se verificaría desde el mismo momento del alumbramiento (e incluso antes, sugieren algunos especialistas), hasta la desaparición física, por lo cual el docente – orientador debe ayudar al estudiante a adoptar una postura crítica, pero abierta y flexible, ante todos los eventos que le sobrevienen, a objeto que puedan servir de aporte constructivo a su saber.
También desde el punto de vista contextual, la función orientadora del docente se encuentra plenamente justificada. Máxime hoy, cuando Venezuela afronta grandes transformaciones producto del cambio constitucional que vivió a principios de siglo (2000) y los procesos que se viven asociados a la nueva Carta Magna, que facultan a los ciudadanos para organizarse, ejercer la Contraloría Social de los procesos gubernamentales y participar, activa y protagónicamente en la toma de decisiones, ya no como simples observadores, sino como entes de pleno derecho, con voz y voto, constituidos legalmente en Consejos Comunales y Asambleas de Ciudadanos, lo cual les faculta para rediseñar su modo de vida y establecer un tipo de relaciones totalmente distintas con el Estado y sus personeros, signada por la equidad, el respeto y la dignidad.
Cómo insertarse en esta nueva realidad venezolana, en condiciones exitosas, parece ser el desafío de las presentes y futuras generaciones, habida cuenta de que en los períodos anteriores toda toma de decisiones se transfería a los representantes de los ciudadanos. Ahora, el nuevo esquema legal no solamente permite, sino que demanda la participación ciudadana en la resolución de los problemas que a las comunidades atañen.
En ese sentido, el docente – orientador, deberá formar para la participación, para el dialogo, para la negociación, en el marco del respeto mutuo, la cooperación, la asertividad y la democracia. Deberá construir un liderazgo emergente capaz de guiar responsable y mesuradamente sus pasos, para la construcción de una nueva sociedad, un nuevo hombre y una nueva mujer: un nuevo republicano, como aspiraba Simón Rodríguez.
También según Bisquerra (2006): Los contextos de intervención del orientador son tres: educación formal, contexto socio-comunitario y organizaciones. Esta clasificación se hace desde el punto de vista del usuario: en primer lugar, el usuario pasa por la educación formal, después (por ejemplo a la hora de buscar trabajo o en períodos de paro1) puede requerir ayuda de los medios socio-comunitarios (Servicios de Empleo, Servicios Sociales, Centros Cívicos, etcétera.). Posteriormente, cuando está trabajando en una empresa, forma parte de una organización. p.3)
A cada uno de los contextos referidos corresponde una forma de acción y una técnica, o una agrupación de ellas, aplicables. De lo cual se desprende que la labor del orientador es multidisciplinar y multifacética El primer tramo, que es al que corresponde este estudio, el de la educación formal, no parece estar suficientemente cubierto ni atendido en cuanto a la calidad de la orientación que se ofrece en los centros educativos, toda vez que la utilidad de esta disciplina no ha sido tomada en cuenta con la seriedad que el caso requiere. Se estima que orientación es un término peyorativo y una actividad a la cual deben ser sometidos los estudiantes con dificultades, retrasados, o problemáticos, pero no se ha comprendido que la orientación es el núcleo del proceso educativo, a partir de lo cual se podría planificar más adecuadamente el proceso de enseñanza – aprendizaje.
Hasta aquí se ha tratado la orientación con un carácter unidireccional: profesor – estudiante; pero vale la pena indagar si no es necesaria también una orientación profesor – profesor, o si los docentes no requieren de orientación para modificar conductas y superar tabúes o resistencias que pudieran estar dificultando su accionar docente y, por ende, marcando al estudiantado. ¿Qué pasa, por ejemplo, cuando un docente se siente inconforme con la cantidad de horas que tiene, o la asignatura que está impartiendo? ¿Existen acaso diagnósticos sobre la estabilidad matrimonial, sentimental, económica, social y familiar del docente y sus impactos en la enseñanza?
De no tener datos fidedignos en este ámbito, tampoco se podrá realizar una adecuada preparación del campo para que surja una orientación positiva, proactiva y liberadora de tensiones y dificultades, sino que se estaría generando una especie de perversión psicológica, en la cual el orientador estaría ejerciendo una labor para la cual no se encuentra totalmente preparado y estaría predicando lo que no cumple en su propia vida.

LA FUNCIÓN ORIENTADORA DEL DOCENTE

caleb_1904 22/02/2007 @ 18:43

Por: JOSÉ PERNÍA
INTRODUCCIÓN

Frecuentemente se propone la cuestión acerca de cuáles son los límites del docente en el aula o si sus funciones comienzan y terminan en esta o, por el contrario, su labor incide en el seno familiar y en el contexto socio – cultural del educando. Desde esta perspectiva es válido analizar la función que ha venido cumpliendo el docente y la que les reclama la sociedad actual desde el conocimiento que se tiene del impacto que generan las actitudes, saberes y tendencias ideológicas, así como religiosas y valores culturales del docente al ejercer el liderazgo en el aula sobre los estudiantes.
En esta unidad se discutirá sobre el tema de la función orientadora del docente y sus implicaciones a nivel familiar y socio-cultural. Se inicia el informe con una definición y caracterización de la función tutorial del docente para luego realizar una delimitación que permita conocer los alcances de su labor y, finalmente, pergeñar algunas competencias mínimas requeridas al docente para ejercer exitosamente su labor orientadora.
Se parte de los asertos de Calonge (1988, citado en González, 1999) quien () considera que en la concepción de la educación liberal, la Orientación debía estar dirigida a todos los estudiantes, atender todos los aspectos de la personalidad y era concebida como un proceso de aprendizaje.

Definición:

En relación a lo que es un orientador, es posible señalar que de suyo, el profesor es un orientador que actúa más con el ejemplo que con palabras; no obstante en torno al orientador. Sánchez y Valdés (2003), citados por Paz (2005) mencionan que el orientador es un profesional que está especialmente preparado para evaluar las habilidades de una persona, sus aspiraciones, preferencias y necesidades, así como los factores ambientales que influyen o son importantes para una decisión.(p 3)
Castillo (2003) señala que el orientador es.. un excelente profesional de la docencia, aquel docente que llega al estudiante, quien logra estimularlo y propicia en él aprendizajes significativos... pero que aún en este caso, que parece ideal desde el punto de vista de vista docente... quizás no sea suficiente para garantizar que tal profesor ha de desempeñarse como un buen tutor. La razón es muy sencilla, no basta organizar y facilitar adecuadamente las experiencias de aprendizaje, además se requiere, poseer la disposición y actitud de querer compartir con otras sujetos su acervo pedagógico...
Esta actitud de desprendimiento, mediante la cual el profesor no transfiere parte de su saber sino que comparte lo que sabe, se evidencia en el aula de clase, a través del entusiasmo que se aprecia en los estudiantes al acometer las labores propias de su curso.
Pero el buen profesor aspira a ampliar esa orientación. No se conforma con orientar en grupo, sino que aspira a orientar de forma individual (por ejemplo, cuando habla con un alumno a la salida de clase o durante un descanso). Tampoco se conforma con orientar al estudiante, sino que pretende orientar a la persona que estudia (por ejemplo, cuando habla con un alumno que ha perdido la motivación por el estudio a causa de un problema familiar).
Con todo lo cual podemos arribar a una definición, personal y preliminar, de lo que es un docente – orientador: se trata de aquel profesor que, rebasando los límites académicos, se preocupa por el desarrollo integral de sus estudiantes, personalizando su acción orientadora y trascendiendo la relación docente – alumno hasta situarla en el campo de la amistad sincera, discreta y confiable, con lo cual puede intervenir no sólo en el área académico – vocacional, sino social – relacional de la persona y contribuir a elucidar, conjuntamente con ella los caminos para superar los diferentes desafíos que plantea el diario vivir; contribuyendo así a educar, no solo para la profesión, sino para la vida.

Características

A partir de lo antes expuesto, se hace necesario enumerar algunas características fundamentales del docente – orientador:
q El orientador es un conocedor del comportamiento humano, por lo cual sus consejos profundizan en el proceso de orientación personal, ayudando a la persona a descubrirse, a analizar sus fortalezas y debilidades y aceptarse tal como es, para desde allí planificar una estrategia para mejorar los aspectos de su personalidad que impiden o limitan su desarrollo.
q Al tener dominio de las estrategias metodológicas y pedagógicas para apoyar la adquisición de aprendizajes significativos, el docente orientador puede · coadyuvar a la personalización de los procesos de enseñanza-aprendizaje;
q Por todos los medios posibles, el docente orientador trata de procurar la integración de los escolares en su grupo-clase y en la globalidad de la dinámica de la escuela;
q Sus competencias profesionales le permiten coordinar el proceso evaluador y auto evaluador de los estudiantes y asesorar acerca de la promoción de los mismos;
q Tiene facilidades para · realizar un seguimiento de conjunto de los aprendizajes de los estudiantes para descubrir posibles dificultades y necesidades7 especiales, con el fin de ofrecer respuestas educativas oportunas y acudir, si es menester, a la búsqueda de apoyos específicos;
q En el decurso del proceso de enseñanza – aprendizaje, el orientador aprende a valorar a sus estudiantes, conociendo a fondo sus características, fortalezas y debilidades y puede favorecer la orientación académica de los alumnos e impulsar los procesos de su maduración vocacional y profesional; lo que hace fundamentalmente a través de procesos de auto-descubrimiento acompañado, en el cual el estudiante se reconoce y aplica estrategias metodológicas que le permitan hacer una valoración justa de sus capacidades.
q A través de todos los recursos pedagógicos disponibles, el docente orientador es capaz de estimular y desarrollar en el grupo de estudiantes actitudes de participación tanto en el centro como en la realidad exterior, natural y sociocultural. Generando impactos positivos en la familia y la comunidad.

Alcances y Limitaciones:

También es posible señalar algunos alcances de la labor orientadora del docente. No sin antes apuntar que todos los esfuerzos que haga se deben enmarcar estrictamente apegados a las leyes y reglamentos de ejercicio de la profesión y deben estar avalados por el entorno del estudiante, en cuanto familia y escuela participan de este entorno se refiere.
Teniendo en cuenta lo señalado anteriormente por Castillo (Ibíd., p3) se puede inferir que la labor docente en función de orientador está delimitada perfectamente por el ordenamiento jurídico vigente, pero que sus alcances son variados, según sea el campo de acción en el cual se esté ejerciendo la labor orientadora.
Puede verse claramente que los impactos de una adecuada orientación trascienden los muros escolares y requieren del análisis de la situación familiar, toda vez que, en el caso de estudiantes cuyos familiares tengan baja escolaridad, o ellos hayan superado la de sus padres, frecuentemente se registran problemas de rendimiento escolar al no hallar refuerzo doméstico para los aprendizajes obtenidos en la escuela.
Las condiciones socio – económicas del hogar tienen impactos positivos y negativos sobre el rendimiento académico de los estudiantes, tomando en cuenta que muchas de las labores que les corresponde asumir no pueden ser sufragadas desde los recursos familiares (adquisición de hojas especiales para dibujo, materiales y útiles, investigaciones por Internet, suministro de bibliografía, cuando no se trata de lo básico: alimentación.
En virtud de lo expuesto, el docente – orientador necesita tener un contacto directo con el núcleo familiar del estudiante y, más que ello, ganarse su confianza, respeto y admiración, para poder ejercer el necesario liderazgo desde el cual proponer cursos válidos de acción para la solución a los problemas planteados. Por todo esto se reafirma el carácter social de la orientación educativa, al no solo propiciar aprendizajes significativos en el estudiante, sino procurar cambios cualitativos en su condición de vida y en sus relaciones personales (Ruiz, 2005: 5)

Competencias mínimas del docente orientador

Frecuentemente la orientación se empieza a realizar de forma empírica, sin mayor acompañamiento que el sentido común. En el transcurso del desarrollo de su labor, el orientador va “quemando” algunas etapas dentro de las cuales llega a un nivel óptimo de preparación, si él mismo se ha sentido motivado por la labor orientadora. De lo contrario seguirá aplicando estrategias metodológicas obsoletas, e incluso inadecuadas, esperando que pase el tiempo, dejando que la fuerza de la costumbre y el movimiento del sistema lo conduzcan, hasta producir los resultados esperados por este. (Paz, 2005; 1)
Otro grupo selecto de educadores – orientadores, buscará perfeccionar sus cualidades, compartirá conocimientos, sistematizará sus experiencias e irá hacia la maduración de su labor orientadora, hasta poder prestar un servicio efectivo y de impactos favorables en el desarrollo de los estudiantes, no solo dentro de lo académico, sino en lo profesional, familiar y social.
Esto es así porque según lo afima Paz (2005:5) al sugerir que... al orientador le corresponde interactuar directamente con los actores principales del proceso educativo, es decir, los alumnos, pero también con docentes, directivos y padres de familia... labor esta que no puede desarrollar adecuada y exitosamente sin una formación en... sociología, psicología, además de ser hábil en entrevista, comunicación, manejo grupal y en desarrollar las competencias en la lectura y el estudio en los alumnos..
Este perfil mínimo del docente orientador asocia su labor con la programación y puesta en funcionamiento de campañas de sensibilización, vigilancia de los horarios, reuniones de análisis del desempeño educativo y docente, análisis de rendimiento académico y otras labores que lo hacen interactuar no solo con el personal docente y administrativo, sino con los estudiantes, obreros, padres y representantes y diversos personeros de la comunidad, a fin de encarar la formación integral de los estudiantes, en cuanto personas a las que les corresponderá el control y administración de la sociedad cuando tengan que asumir el relevo de la generación presente.
Es una competencia específica requerida para el docente – orientador el conocimiento de las técnicas de negociación, para el establecimiento de puntos de equilibrio en las relaciones interpersonales, que siempre se encuentran en conflicto, particularmente en la adolescencia y primera juventud, pero también debe conocer al destinatario de la acción orientadora (Paz, 2005:1)
Otra de las compentecias exigidas es la investigativa – educativa – desarrolladora, desde el punto de vista de la critica permanente al propio desempeño orientador y docente, (Díaz, B., cit en Paz, 2005) con la finalidad de estructurar las estrategias pedagógicas y metodológicas para superar las deficiencias que se tengan, a objeto de mejorar la calidad del servicio que presta el educador – orientador. Un educador que no se revise a sí mismo tiende a caer en el autoritarismo y en la errada convicción de siempre tener la razón lo cual puede conducirle a menospreciar las opiniones de sus estudiantes, causando efectos contraproducentes en su labor orientadora.
En la orientación es más lo que se predica con el ejemplo que lo que se dice, por lo tanto, dentro de las habilidades, destrezas, actitudes y valores distintivos de un educador – orientador se en encuentran la tolerancia, la paciencia, la flexibilidad como atributos con los cuales el educador debe vivir, para poder discutir con sus estudiantes acerca de ellos. Debe ser capaz de reconocerse a sí mismo en la diversidad y a respetar esta condición, cualquiera que sea su manifestación dentro del proceso de enseñanza – aprendizaje-
La autoconciencia y la consciencia política son atributos exigibles a un educador orientador que quiera establecer un proceso justo de apoyo a sus estudiantes. Desde esta óptica, el orientador debe conocerse a sí mismo, tener una justa valoración de su personalidad y estar consciente de sus limitaciones y capacidades para no optar por caminos que conduzcan al fracaso, pero tambien, según Paz (Ibíd.. p.5)... es necesario que el orientador tome conciencia de que forma parte de un gran sistema que persigue intereses bien definidos por la política educativa a los cuales sirve... en el entendido que este sistema delimita y controla su campo de acción y, en no pocas ocasiones, tendrá que enfrentarse con él, para lograr el pleno desarrollo de sus estudiantes..

BIBLIOGRAFÍA:

Bernal G., Antonio (2.000) Sentido Y Alcance De La Acción Tutorial Hacia La Personalización Educativa Revista Mexicana de Orientación Educativa N° 6, Julio-Octubre de 2005.

Paz L., María (2005) La Práctica del Orientador Educativo y la Motivación de Logro en los Alumnos Revista Mexicana de Orientación Educativa N° 6, Julio-Octubre de 2005

LA ORIENTACIÓN EN EDUCACIÓN

caleb_1904 21/02/2007 @ 20:46

José Pernía. Febrero 2007

1.1. Definición:

Para aproximarse a una definición de Orientación, tendríamos que pasearnos por las distintas acepciones que ha tenido a través de los tiempos, desde que Jones (1964) la considerara como un medio para la toma de decisiones, asociándola a lo simplemente operativo y funcional, hasta el presente cuando la orientación enfrenta el reto de asimilarse a lo social – reproductivo desde la óptica de un instrumento para que el hombre alcance su plenitud.
En virtud de lo antes expuesto, es posible señalar a la Orientación como la suma de procesos que conducen a que el individuo desarrolle autoestima, descubra su lugar en el universo que lo rodea y haga un análisis de sus potencialidades, fortalezas, debilidades y competencias con las cuales pueda integrarse exitosamente al mundo que le rodea. Entendiéndose como éxito la posibilidad de lograr una comunicación asertiva y constructiva con su entorno, mediante la cual el individuo aporta y, a su vez, sabe aceptar las contribuciones que le hace el medio ambiente; aprendiendo a tomar cada caída como un reto y no como una derrota.
Por lo tanto, podemos decir con Bisquerra (1998: 9), que es posible concebir la orientación como “un proceso de ayuda continua a todas las personas, en todos sus aspectos, con el objeto de potenciar el desarrollo humano a lo largo de toda la vida”.

1.2. Características:

En ese sentido, cabe destacar que una de las características principales (si no la fundamental), de la orientación es su desideologización, es decir el abordaje imparcial de las situaciones que se le presentan. Entendiendo que cada individuo es un microcosmos y que en él reposan toda una cantidad de potencialidades que el orientador ayuda a descubrir, estimula en su desarrollo y fortalece en su proceso de consolidación. Pero, en ningún momento sugiere u ordena cursos de acción para que el individuo resuelva sus problemas o enfrente sus dilemas.
Cada persona, mediante sus propios recursos, haciendo uso de sus propias capacidades y limitaciones, debe ir descubriendo su propio camino en la vida. El orientador realiza un proceso de acompañamiento experto es decir, es una persona que conoce algunos métodos para analizar y resolver conflictos, pero no se los resuelve a las personas, sino que los pone en el camino para enfrentar sus propios desafíos, ayudándoles a madurar, a pensar equilibradamente sobre sus problemas, y a entender cada fracaso, no como el fín de su vida, sino como el inicio del aprendizaje de algo nuevo.
Otra de las características de la orientación es su pertinencia tempo - espacial, ya que puede ser aplicada a lo largo de la vida del ser humano y en cualquier situación, tanto dentro de la escuela, como fuera del sistema educativo, en su vida profesional, familiar, de pareja y en cualquier tipo de sistema relacional que el ser humano establezca.
También es flexible, ya que no utiliza los mismos recursos en todos los casos y situaciones, sino que se adapta cada persona, situación y tiempo en particular, ofreciendo alternativas válidas de solución a los conflictos, tanto desde una perspectiva personal, como social y familiar, atendiendo a las particularidades de cada individuo que se asesora.
Es necesario mencionar el carácter científico de la orientación, pues en su desarrollo, acude a categorizaciones de la psicología, sociología, y otras disciplinas, que ayuden a encontrar respuestas viables a los conflictos planteados. Pero es científica, porque la orientación tiene también un profundo carácter sistémico, al atender cada caso partiendo de una serie de pasos (Slaikeu, 1988): 1) Hacer contacto psicológico, 2) Examinar las dimensiones del problema, 3) Examinar las soluciones posibles, 4) Ayudar a tomar una acción concreta y 5) Seguimiento, que si se siguen en forma ordenada, también podrán ofrecer registros validables científicamente, al ser experiencias replicables y universalmente aplicables y validables, y con resultados observables, condiciones sine equa non para calificar de científica a una disciplina.

1.3. Evolución de la orientación

Inicialmente fue concebida como proceso para resolver dilemas vocacionales en las personas Jones (1969;) la veía como un proceso de orientación profesional en las personas; Jacobson & Reavis, citado por Vital (1976), la ven como un servicio que se presta a las personas para que tomen decisiones acertadas; Jhonston (1977) la sigue considerando un servicio, pero añade el término “prudentes” a las decisiones que tomará la persona mediante un examen consciente; en Martínez Beltrán (1980:43) ya la orientación se trata de un proceso que permite asegurarse que los estudiantes tomarán las decisiones acertadas en sus estudios, acercando la Orientación a la Escuela, en un proceso que ya resultaría indetenible hasta nuestros días.
De este devenir, se extraen los asertos de Álvarez (1995:36), al colocar la orientación no solo al servicio de los escolares, sino de toda persona que necesita hacer un análisis para desarrollar sus aptitudes y aprehender conductas vocacionales.
Pero Álvarez reclama una visión técnica – científica de la orientación. Pretende asegurarse el éxito del trabajo del orientador al sugerir que debe ser “...una intervención continuada y técnica, basada en los principios de prevención, desarrollo e intervención social, con la implicación de los agentes educativos y socioprofesionales,,,” Con lo cual la orientación no puede estar al servicio de cualquier persona, sino de individuos altamente calificados, que puedan dar fe de su procedimiento científico al estar realizando labores de orientación. Se refiere Álvarez (Ibíd.) a la necesidad de objetivación (que no alienación) del analista u orientador, para garantizar que la intervención así realizada no mediatice el pensamiento ni las preferencias del orientado, sino que sea este quien tome realmente las decisiones.
Por su parte Ayala (1998) y Molina (2001) comparten asertos cuando se refieren a la orientación vocacional en el sistema escolar como una necesidad para lograr que los valores individuales logren adecuarse al contexto social y familiar, con la finalidad de garantizar el éxito total de la gestión educativa, enmarcada dentro del proceso de socialización del individuo en el contexto de un entorno socio – familiar – laboral, en el cual deberá responder a determinadas características para ser aceptado.
Esto en lo que se refiere a la Orientación concebida como apoyo para la toma de decisiones en lo vocacional. Sin embargo, existe otra vertiente (Molina: 2003: 5) que define a la orientación como “...proceso de asesoría y guía al sujeto para su desarrollo personal, a fin de favorecer la adaptación y conocimiento de sí mismo, la socialización y comunicación en el ámbito de las buenas relaciones humanas...” Así Authiery et al. (1977:227),la ve como un instrumento para la resolución de problemas ...psicológicos presentes y futuros... y Tyler (1978:87), la ve como proceso de desarrollo de las potencialidades, mientras que Senta (1979:169, esgrime el argumento de la orientación como medio para obtener satisfacción personal y bienestar general
Mientras que para Molina (2001) tiene un concepto de la orientación que la ubica como un proceso de asesoría al alumno en el área escolar donde es posible concebti como eje clave en el desarrollo académico la formación de hábitos de estudio, el dominio de métodos y técnicas para el aprendizaje, y la promoción del trabajo cooperativo dentro y fuera del aula con la intervención directa de los padres y representantes. (el subrayado es nuestro)
Como puede verse, la orientación ha evolucionado de ser un instrumento para la adaptación de las personas a una determinada oferta de formación, mediante el descubrimiento de su verdadera orientación vocacional, a una actividad más concretamente involucrada con el desarrollo integral del individuo, en el cual se toman en cuenta, no solo los factores académico – institucionales, como criterios de valoración, sino también su eje familiar, social, entorno de amigos y, en general, todo el sistema espacio temporal en el cual se desenvuelve el individuo, haciendo que la orientación gane un espacio social que antes no tenía.

1.4.- El nuevo paradigma: la Orientación como práctica social

Todos los seres humanos, en un determinado momento de su vida, enfrentan conflictos que parecen insalvables. Para el niño y el adolescente, el medio escolar es su mundo referencial y, en él, encuentra su primera orientación: el amigo más cercano.
También en la vida cotidiana, en la calle, en la casa, en el trabajo, en el seno familiar, se tiene un amigo más cercano, un familiar con quien se tiene más confianza, un compañero de trabajo con quien se anda “en llave”, en fin, un depositario de sentimientos, pensamientos e inquietudes que, a veces, no se comparten ni con los padres.
Esa situación, que pertenece a la lógica de la convivencia diaria ha obligado a los científicos sociales a replantearse el paradigma orientacionista en el sentido de convertirla en una disciplina holística que tenga pertinencia no solo dentro del ámbito educativo – ocupacional, sino que se involucre en todos los aspectos de la vida del individuo.
Esa afirmación, se sustenta en lo aportado por Molina D, (2003) cuando explica que:

desde donde es posible inferir que la orientación ha de servir para que todos los actores sociales encuentren posibilidades ciertas de resolver sus conflictos, haciendo posible la comunicación en todos los niveles y facilitando a la institución educativa la trascendencia de sus muros para encontrarse con el desiderata social, y facilitar la adaptación del estudiante a este, sin que por ello se generen traumas o pérdidas de identidad.
En esta propuesta, la familia resulta clave para establecer desde una óptica constructivista de la educación, los valores con que vive el estudiantes y la forma como evitar colisiones con los de la sociedad. La garantía que ofrece la orientación, al estar vinculada a la familia y al entorno del estudiante, es el éxito en su socialización, a partir del estudio de sus propias potencialidades, habilidades, destrezas y la aceptación de sus limitaciones, no como condicionantes del crecimiento, sino como desafíos a los cuales tiene que enfrentarse para avanzar en su maduración como persona y como ser social.
El carácter social de la orientación se fundamenta Según Piña, (2002:143), citado por Huelvas (2003: 2)en la afirmación teórica que les permite señalar que...tanto la docencia como la Orientación Educativa ... adquieren un sentido sólo en la medida en que docentes y orientadores son conscientes de la actividad específica que desempeñan, la de participar en la socialización de las personas ...y la de transmitir la “objetividad institucional”... De tal suerte que solamente en el entorno social se justifican tanto la educación como la orientación, y por lo tanto la orientación es una disciplina eminentemente social, que garantiza la sana convivencia y el pleno desarrollo de los individuos, tanto en el campo profesional, como familiar y social.

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